Con espíritu de recogimiento y profunda fe, la comunidad educativa del Colegio Cisneros dio inicio al tiempo de Cuaresma con la celebración de la imposición de la ceniza, un momento significativo para estudiantes, docentes, administrativos y familias, que marca el comienzo de un camino de conversión, renovación interior y preparación espiritual hacia la Pascua.
Durante la jornada, los miembros de nuestra comunidad participaron con respeto y devoción en este signo litúrgico que recuerda la fragilidad humana, pero también la grandeza del amor de Dios y la invitación constante a transformar el corazón.
La ceniza, símbolo de humildad y arrepentimiento, nos invita a reflexionar sobre nuestras acciones, a fortalecer nuestra relación con Dios y a vivir con mayor coherencia los valores del Evangelio.
Este tiempo litúrgico es una oportunidad privilegiada para cultivar la oración, el ayuno y la solidaridad, pilares fundamentales de la Cuaresma, que nos ayudan a crecer como personas y como comunidad. En el Colegio Cisneros, entendemos la formación integral como un proceso que abarca no solo el conocimiento académico, sino también el desarrollo espiritual, ético y humano de nuestros estudiantes, inspirados en el carisma franciscano que nos caracteriza.
La imposición de la ceniza fue acompañada por momentos de reflexión y oración, en los que se invitó a los estudiantes a vivir este tiempo con un corazón abierto, dispuesto al cambio, al servicio y al encuentro con los demás.
Asimismo, los docentes y colaboradores renovaron su compromiso de ser guías y testigos del amor, la esperanza y la fraternidad dentro y fuera del aula.
Como Familia Cisnerista, caminamos juntos en este tiempo de gracia, confiando en que la Cuaresma nos impulse a ser más solidarios, más conscientes de nuestra misión y más cercanos a quienes nos rodean. Que este camino hacia la Pascua nos permita crecer en asombro, fe y compromiso, y que cada paso esté marcado por la sencillez, la alegría y la cercanía que nos inspira San Francisco de Asís.